miércoles, 28 de octubre de 2009

¿Olvidarte?

A todos los guerreros que luchan contra ellos mismos, contra su pasado.

Es de noche; te extraño. Me refugio en la obscuridad de los recuerdos, aquellos que hoy una lágrima me causan, aquellos mismos que me trajeron alguna vez satisfacción. El otoño se abre, le da paso al invierno de mi alma.
No te tengo; te espero, ¿por qué?, no estoy seguro, quizás por la magia de lo incierto y del amor, que de la mano contigo van. Tengo frío, mi alma se hiela esperando que el ocaso de tus labios llegue otra vez a mí.

Levantóse el guerrero de las batallas perdidas, volvió a intentarlo dejando atrás las lágrimas del glorioso pasado, ahora intenta sobrevivir sin su espada, sin la razón de su vivir.
Es de madrugada, el guerrero sonríe ya, abandona a la melancolía del amor y se para ante los problemas, ¿por qué he de esperar?, ¿por qué he de llorar?, ¿por qué no mejor he de olvidar, he de actuar? Decidido el guerrero va a actuar para su bien, va a olvidar todo
y volver a comenzar, antes de que tenga ya que acabar.
Las alondras cantan, las palomas vuelan, el sol se levanta; yo, soy otro. De ser el abandonado, el melancólico, soy ahora el guerrero, el guerrero de mi alma, el guerrero que he tenido escondido dentro de mi ser. Dios me alumbra, despierto del sueño de tristeza y de los recuerdos, ellos, sin embargo, me siguen persiguiendo; me escapo, no quiero volver a ser el que por ti fui.

El soldado cayó. Fue por un disparo al corazón, un disparo de sus enemigos los recuerdos. El soldado sigue yaciendo en el suelo, caído, no se levanta; ha muerto.
El sol se pone, la duda me carcome. Te extraño, creo, no estoy seguro, pero sí te sigo amando. No sé si te extraño a ti, a tu forma de estar conmigo o a tu recuerdo. Pero aun así, sea como sea, no me puedo sacar la bala de mi corazón, la bala que ahí clavada está, la bala de tu adiós.

Despertóse el muerto, arrancóse la bala de su corazón para ser el mismo que fue antes de conocer la derrota, para dejar de sufrir por lo que ya sufrió.
El sol se va; mi tristeza también. El viento me balancea por su pureza; soy libre, soy nuevo, soy otro, soy feliz. En ti ya no voy a pensar, porque por ti ya no he de esperar. ¿Para qué esperar?, digo yo, si esperar es estar por algo, para algo; yo ya no estoy por ti, para ti.

¡Au!, ¿qué me pasa, qué me duele, quién es? ¿Quién me quiere matar, o quién me quiere llevar?, debería preguntar. ¿Es alguien, eres tú o son los recuerdos, la melancolía?
No sé, pero lo que sí sé es que ¡Au!, me duele, no me levanto, la herida del pasado, de los recuerdos, tú herida me duele; no puedo…

¡Qué importa!, digo ahora, lucharé, pues, ante la adversidad, ¿lo lograré?, no lo sé,
pero he de intentarlo, aunque pierda y gane, aunque me rinda y me levante; yo voy a tratar de olvidarte sin importar lo que pase…

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