domingo, 29 de noviembre de 2009

Morfeo y sus tierras

De cuanto el sueño abarca
y de la realidad separa,
no es ignorado,
que no sepamos nada.

Del morir, se separa
la fina línea del vivir,
y cuanto ostenta el hombre
más allá de las lindes no ha de seguir.

Se traza en el tenue lienzo
la pintura de todo aquel que vive,
mas no vive aquel que traza,
al que sueño llaman.

Se pierde todo cuanto se vive,
se siente todo cual viviente,
se oye todo lo muerto,
se ve todo lo invisible.

Imagen traída
de esotros lugares que uno imagina,
inexistencia pura,
la realidad que el sueño confina.

Cual confabulación divina,
cual adiós de todo tiempo,
abrazador final,
abrazador comienzo.

Se escucha el canto invisible
de las musas del mar,
tiernas voces que atrapan, que viven
y que, cual sueño real o tan solo semejante,
matan.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

מצב אמיתי

Sonidos mudos cual si fueran la piedra de Caín, la espada de Brutus, se incrustan en las paredes, en las ventanas; las atraviesan y se adentran tan silenciosa como impetuosamente en el mar desconocido de la realidad y se pasean por encima de los ojos ciegos, enceguecidos de todos y detrás, rozando nuestros hombros como en esotra dimensión sin tiempo, sin espacio, en aquella, nuestra espalda, lo perdido de lo nuestro, el final que parece ser el comienzo. Mudas flechas que vuelan y se yerguen como algo divino y he ahí que nosotros no estamos, he ahí que nunca supimos. Se abre una boca y se clava una bala en un corazón, cuya inocencia ya quedó atrás, demasiado atrás. En ignorancia vivimos, nada sabemos y como lo contrario actuamos y no nos damos cuenta de todo y somos marionetas de nuestros propios actos no solamente quizás, pero sí principalmente. Y otra vez cual viento fuerte aparecen aquellos sonidos mudos que se burlan de nosotros, no los encontramos, nunca los encontraremos. Sufrir podemos; sufrimos. Mentir podemos, mentir debemos; mentimos. Llorar podemos; lloramos y estas lágrimas caen lentamente y se pierden en el naufragio interior y pequeñísimo de nuestras vidas; en el naufragio eterno en la mar azul, imponente; en el naufragio infinito de la realidad misma en nosotros y de nosotros, en la realidad enorme.
Sonidos mudos, que atraviesan las paredes, las ventanas y se adentran en la realidad y vuelven a aparecer, acaso nunca se fueron. Llantos, sufrimientos, mentiras y queda por ahí, digamos como presente, la vida.

martes, 3 de noviembre de 2009

Sin título

Cual vacío incesante y, a la vez inerte, acerca, temeroso, la mirada infructuosa. Fuera como fuere, acaso una ignominia no se esconde y aparece; es un fantasma rapaz de aquella inexorable verdad: axioma presente. Lo demás pasado y sigue el fantasma con onírica lentitud observando nada. Nada. Destella una luz apagada a lo lejos, como sonido mudo pero real, como realidad, como falacia.
Ipso facto atraviesa y deja profunda herida impasible, la espada en el cuerpo. La inocencia se pasea, se marea, jamás llega. Mundano es: redundancia eterna, real. Es real. Ornamento magno de nosotros aparece y se queda y nunca se fue, jamás se fue. Inmerso en el mar del sueño, se levanta, mirada arriba, imponente. Nadie lo ha de parar, a nosotros también nos ha de atrapar. Nacimos y morimos y acaso es imposible salir.
Miro algo cansado la ventana, la miro y la miro. No hay nada afuera, no hay nada afuera, nada. Nada hay en las afueras tan solo nosotros prevalecemos pero es él quien prevalece encima de todos y lo usamos como si lo usáramos, pero él nos usa. Es acaso ello lo que tanto nos duele y tanto usamos, nada es y a la vez todo fue, pero nada, no admitimos nosotros. Pero todo, nosotros no somos nada.
Cicatriz imposible. Tan solo un ejemplo de la vida misma. Callado cual vacío incesante, pero no lo es, ya está ahí. Asomo yo la mirada. He ahí. Ineludible cual nada en este mundo, más allá sonríe cual mentira verdadera y verdad jamás dicha. He ahí. Callado, no digo nada. Nadie dice nada. He ahí. Nadie nunca dice nada pero cuánto dice. He ahí. Ineluctable final. Ineluctable principio camino. El camino desconocido. Despierto, me doy cuenta. No sé nada. Cierro los ojos, lo prefiero. ¿Es de noche o es de día? ¿Es esta la verdadera vida? ¿Se está acercando a mí la muerte? Soledad incesante. Verdad, mentira. ¿Existe eso? ¿Dónde está el hombre? ¿Estuvo alguna vez? ¿Acaso es onírico nuestro pesar, nuestro sufrimiento, nuestro todo? Verdad, mentira. Vida. He ahí.