Cual vacío incesante y, a la vez inerte, acerca, temeroso, la mirada infructuosa. Fuera como fuere, acaso una ignominia no se esconde y aparece; es un fantasma rapaz de aquella inexorable verdad: axioma presente. Lo demás pasado y sigue el fantasma con onírica lentitud observando nada. Nada. Destella una luz apagada a lo lejos, como sonido mudo pero real, como realidad, como falacia.
Ipso facto atraviesa y deja profunda herida impasible, la espada en el cuerpo. La inocencia se pasea, se marea, jamás llega. Mundano es: redundancia eterna, real. Es real. Ornamento magno de nosotros aparece y se queda y nunca se fue, jamás se fue. Inmerso en el mar del sueño, se levanta, mirada arriba, imponente. Nadie lo ha de parar, a nosotros también nos ha de atrapar. Nacimos y morimos y acaso es imposible salir.
Miro algo cansado la ventana, la miro y la miro. No hay nada afuera, no hay nada afuera, nada. Nada hay en las afueras tan solo nosotros prevalecemos pero es él quien prevalece encima de todos y lo usamos como si lo usáramos, pero él nos usa. Es acaso ello lo que tanto nos duele y tanto usamos, nada es y a la vez todo fue, pero nada, no admitimos nosotros. Pero todo, nosotros no somos nada.
Cicatriz imposible. Tan solo un ejemplo de la vida misma. Callado cual vacío incesante, pero no lo es, ya está ahí. Asomo yo la mirada. He ahí. Ineludible cual nada en este mundo, más allá sonríe cual mentira verdadera y verdad jamás dicha. He ahí. Callado, no digo nada. Nadie dice nada. He ahí. Nadie nunca dice nada pero cuánto dice. He ahí. Ineluctable final. Ineluctable principio camino. El camino desconocido. Despierto, me doy cuenta. No sé nada. Cierro los ojos, lo prefiero. ¿Es de noche o es de día? ¿Es esta la verdadera vida? ¿Se está acercando a mí la muerte? Soledad incesante. Verdad, mentira. ¿Existe eso? ¿Dónde está el hombre? ¿Estuvo alguna vez? ¿Acaso es onírico nuestro pesar, nuestro sufrimiento, nuestro todo? Verdad, mentira. Vida. He ahí.