Hoy en día cuando más vale el dinero y lo que se pueda hacer con él que los sentimientos y las intenciones no materialistas de las personas, se ha puesto mucho en conversación aquel espinoso tema de estos atributos que solo poseen las mujeres por algunas razones que solo Dios puede explicar: me refiero, sí, a las tetas. Algunas dicen que valen más falsas, que para qué tener “huevos fritos”, que, el que puede, puede, y que hay cambiarse de una vez lo que se tiene mal. Otras dicen que no se debe perder la identidad y que es mejor lo natural, por lo que se quedan con sus “huevos fritos”. Otras las tienen bien paradas, bien puestas, “como cañones” y no les interesa someterse a ningún tipo de operación, aunque lo hayan hecho para ponerse en punta la nariz o bajarse los labios o pómulos o algo de grasita abdominal.
Hoy he decidido hablar, así, sobre este tema en este pequeño artículo para poner en claro mi opinión.
El humano es una raza que siempre va en busca de la perfección, no se cansa con lo que tiene y con su curiosidad y sus sentimientos y sus instintos va en busca de más; nunca parece conformarse. Así va desarrollando nuevos objetos, nuevas tecnologías que de pronto ayudan a hacer algo con lo que antes ni se soñaba, como por ejemplo, disminuir problemas corporales como la grasa o bien aumentar atributos como el trasero, los labios o las ya citadas y polémicas tetas. Pero, a todo esto, ¿qué son unas tetas perfectas? ¿Son acaso tetas grandes, tetas firmes, levantadas, redondas? ¿O son acaso tetas con las que se pueda hacer todo lo que Dios manda? Entre tantas máquinas y operaciones y diferentes opiniones, ya nadie sabe qué son unas tetas perfectas. Habría que pensar, o, mejor, que recapitular.
Primero, las tetas cuando la mujer es pequeña no sirven de mucho, si es que para algo, y son una parte del cuerpo más. Después cuando el tiempo pasa y la que fuera niña va madurando en todo el sentido de la palabra, son las tetas un método de placer de lo más íntimo, que con el paso de los años, se vuelve compartido. Ahí puede venir la decisión de la operación: cuando las tetas se “comparten” puede ser que al marido no le gusten chiquitas, pero, digo yo, acaso marido y mujer no se tienen que respetar mutuamente y aceptarse cómo son y buscar un punto de equilibrio entre los dos que los llevará por la vida unidos y algo felices. Por eso opino, que si se tiene las tetas chicas, el marido las debe aceptar cómo son y punto. En fin, para seguir con la recapitulación, recordemos, que después de compartir esos atributos ahora, prácticamente se prestan a otra persona como alimento: al hijo. En ese instante, el tamaño no importa, tan solo la leche y más aún el amor con el que la madre la da, la paciencia (el don imposible), la pasión. Así el niño podrá desarrollar un amor más grande y la misma pasión de la madre y la paciencia y el cariño.
Ahora que ya recapitulamos, me toca decir qué son para mí unas tetas perfectas. Para mí unas tetas perfectas son las que aman, las que dan de lactar con esa pasión que antes ya usaron al compartirlas con su pareja, a quien amó y aceptó. Las tetas perfectas son las de una mujer con amor y cariño para compartir, no con plata ni gusto para el tamaño…Las tetas perfectas son, sin discusión, las de mi madre.


buenazoooo jeje
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