Como dolor que desgarra el alma,
cual sangre roja tras la guerra
y, entre la lluvia,
pupilas atentas.
Una gota de tinta cae
en el inhóspito papel,
que narra las batallas
jamás libradas,
entre versos y letras.
Y llora el poeta,
tras acabar su obra,
y nadie lo escucha,
él tampoco, quizás.
Y se va ahogando
en aquel mar,
mientras el viento lo empuja,
intentando flotar.
Intratable marea,
incesante agonía,
la noche de un hombre
y del poeta, el día.
Ruge la libertad
cuanto la literatura le hastía
y entre alguna sonrisa,
se confunde la vida.
Sostén de las verdades,
de las mentiras,
de los sufrimientos:
tan sólo papel.
sin siquiera despegar
la música de los poetas,
va durmiéndolos,
entre la vida y los besos,
confundiéndose ellos sin saberlo,
mareados por el éxtasis,
(entre creaciones,
realidades
e ilusiones)
de noches y días,
de excelsos paisajes,
de lúgubres armonías,
que les brindan,
indiferentes, tranquilas
y a veces confusas
aquellas indomables damas,
llamadas musas.

