Potamoi toi autoi dis ouk àn embaíes-Heráclito
Da sus primeros pasos, acaso inocentes, por el ya casi incoloro sendero del día una mancha oscura, sub yaciente, que mira y vuelve a mirar todo a su alrededor con una amplia melancolía. Algo no está bien, hay algo que debe haber cambiado, antes no era así. Su rostro no muestra esta figura, sus palabras no se escuchan, tan solo se siente su impalpable presencia por alguna de aquellas tortuosas razones que ni Dios ni el destino pueden explicar y que tan solo se pueden intentar, con dificultad, imaginar. El tiempo ha pasado, eso es seguro, y con él la felicidad o algo de ella, la alegría, la ingenuidad acaso ya inexistente; antes no era así, todo ha cambiado mucho, hasta mis recuerdos borrosos y distorsionados ya no son los mismos que antes o no sustancialmente. Poco a poco va entrando a campo conocido, aquella mancha, y poco a poco, y con miedo, se va haciendo más grande (no visible), poco a poco se va sintiendo más, poco a poco se va expandiendo en la aterradora y temida verdad que es el día, va pasando por las personas a las que se les ve cómo son realmente (qué terrible, qué desventura), va escondiéndose y saliendo, va haciéndose poco a poco más fuerte, poderosa. Día terrible es este, todo ha cambiado como ya viene haciéndose costumbre, pero esta vez ha cambiado más, peor; pero ya nada puedo hacer, al fin y al cabo, tengo que seguir entrando inexorablemente en este territorio quizás demasiado o muy poco conocido para mí, qué desventura. Pronto todos se van dando cuenta de su presencia, pronto todo vuelve a ser como hace doce meses o parecido, pues nada nunca es igual, porque el tiempo siempre pasa y hace que todo evolucione (vivimos en evolución constante), nadie se baña dos veces en el mismo río, dijo Heráclito, nadie puede volver dos veces al mismo lugar, ni siquiera aquella mancha que extrañada ya está en su más grande expresión, lo demuestra el viento, las nubes, y las gotas tristes que caen en las personas, en los árboles, en los animales cambiados, todos cambiados todos distintos…Nadie se salva del tiempo, ni siquiera yo que he llegado por fin donde tengo que estar y tengo miedo, tengo miedo de recordar esto por siempre o de no recordarlo, tengo miedo al tiempo, a su decurso siempre irremediable. La tarde llega y la mancha ya se siente aún más y se ve resumida en el agua que cubre sigilosa, triste, melancólica, el suelo que ha sentido tantos pies, tantos pasos, tantas manos, tantas caras heridas, tantas personas que en días como hoy han balbuceado titiritando: el invierno ha llegado.


No hay comentarios:
Publicar un comentario