Como en las más salvajes obras,
cual penetración necesaria y potente
la vida llama a la muerte, que se siente
lejos de todo pavor, lejos de toda vida y sus sobras.
Los cuchillos se han clavado,
las oraciones se han perdido,
los mismos oídos, nutridos
por tanta duda, se han salvado.
Y como no podía ser de otro modo:
Dios se mezcla en el lodo,
y termina perdiendo dignidad,
termina perdiendo omnipotencia
y es un humano más con insoluble decencia,
alejado, muy alejado de toda eternidad.
sábado, 15 de mayo de 2010
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