Es esta una balada,
de aquellas que Homero no escribió,
una Odisea,
un Ulises de Joyce,
una obra de arte con todo rigor.
Y es que los versos que uno escribe,
se van uniendo,
al unísono compás
de la tenue obscuridad;
al mismo paso insoluble
de todas aquestas nubes,
de todo rincón escondido
por el firmamento lúgubre.
Intrínseco deseo el del poeta,
que escribe y escribe,
deseo de gloria,
deseo de ser libre.
Y la incesante verdad,
se pasea festiva
y muestra los atributos
de su enorme fealdad.
La noche se ha vuelto día
y el poeta se ha unido a la orgía
de todos aquellos guerreros,
que no se rindieron
y que tan solo murieron
bajo la responsabilidad
de este magno gobierno.
Y es que este poema
yo no lo escribo,
lo escriben todos aquellos;
es un grito,
es un arte,
es ya más que una libertad;
son letras, son versos,
que se escurren por el suelo
y se manchan con sangre.
Es la sangre, es la muerte,
son los poetas, son los poemas,
y, sobre todo,
es la esclavitud,
que a, casi todos, condena.


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